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  • Andante Friedsen

El Hombre Vacío

Actualizado: 28 de jul de 2019


Ríe a grandes carcajadas, con autosuficiencia y aires de superioridad, se le ve caminando con la mirada en alto, despectiva, sus brazos se mueven con las ínfulas de un fantoche y aun así muchos lo admiran.


Sale de fiesta y se sienta a la cabeza de las mesas, habla fuerte y proyecta la voz, se asegura que todo el mundo lo escuche, su palabra es definitiva, gruesa y cuando escucha alguna voz que replica en desacuerdo, se torna violenta. 


Cuenta historias, grandes sagas de sus aventuras nocturnas, de cuantos fondos de botellas y cuantos fondos de vaginas ha tocado, de cuanto ruido ha hecho y cuantos hombres ha amenazado. Recuerda con nostalgia aquella vez que le pateo la moral a alguna perra pasajera y siente melancolía cuando se le habla de guerra.


Se le ve siempre acompañado de su esposa, y esa que camina tres pasos más atrás es su moza. La presenta a sus amigos, colegas e hijos sin vergüenza. ¡Por Dios! ¡que hombre tan hombre y que macho tan macho! penetra y se apropia de todo a su paso. No siente vergüenza pues él todo coloniza, se expande y propaga, y en su entorno inmediato hace metástasis y mata.


Se le ve gordo y rosado, en su presente nunca faltará un plato, no importa a cuántos robe, time o estafe, él es el gran señor y ordena que los demás se callen, trabajen y aguanten. “Díganme Doctor o Patrón” exclama, y el vulgo estúpido con respeto le aclama, que efigie tan respetable, aquella del criminal impune e infame.


Es célebre y amado, por un cortijo idiota e iletrado, que pide sangre y bolillo, que exalta lo vivo del tipo. La gente lo sienta en un trono de oro, construido sobre una montaña de plomo. Cadáveres a diestra y siniestra en sus banquetes, cadáveres en la mesa, cadáveres que le aconsejan, cadáveres que lo frecuentan, cadáveres que lo fomentan, más cadáveres lo han financiado, algunos otros estatus le han dado, todos, todos cadáveres, futuros, presentes o pasados y entre ellos todos harán el respectivo pago.


Es el señor del cinismo y la injuria, de la mentira y la burla. Nada está hecho a su medida, todo debe ser más grande, más adornado, más exuberante, más exclusivo, todo lo que sea un símbolo y un escudo, todo lo que esconda su podredumbre en conjunto.


El hombre vacío es como un globo inflado, una vez le explotan la efigie ya no hay más decorado. Vacío en vida y vacío en muerte, pues cuando respira solo hay objetos que adornan el frente, pues cuando expira hasta la sangre y el recuerdo lo desatienden.


Una vez muerto su nombre es impronunciable, se vuelve el titular del día para algún periódico amarillista. Vergüenza, humillación y escarnio público caen sobre el nombre del finado, pero su nombre de los labios de sus amigos y familia nunca más será pronunciado. El hombre vacío, vacío se queda, ni propiedades ni amigos, ni familia ni monedas, ni justicia ni castigo para el hombre incorregible que era.


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