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  • Andante Friedsen

El asesino del séptimo trago



Hay que matar al niño me lo digo cada día, Hay que acribillar su inocencia e ignorancia, Hay que matar su brillo y su futuro ingenuo, Matar su esperanza y su inalcanzable sueño,


Hay que matar al joven, me lo digo cada día, Hay que acabar con su desapego fundamental, Con su sentimiento nato de perpetuidad, Hay que acabar con su comportamiento errático Y su impulsivo espíritu contestatario, No más crítica y no más invencibilidad,


Hay que matar al hombre, me lo digo cada día, su dócil conformismo, su ambición materialista Hay que matar su rigidez, su rumbo estacionario de piedra asentada en el lecho de un pantano, Hay que matar su estado inflexible, inmóvil…


¡Hay que matar a todos! Me lo digo cada día me lo dice el viento, el tiempo, las circunstancias, me lo dice mi madre, mis amigos, mi querida, me murmura al cotidiano ese espíritu suicida,


¿Pero acaso estimo lo que expone el asesino? Frente al espejo coexisten joven, hombre y niño ¿A quién debo guarecer y quién debe perecer? ¿Acaso no hay quimera preferible de engendrar? Ya no sé si debo ciar, continuar, matar o mutar, Mejor bebo otro trago y me voy a descansar.




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